
Gracias a las condiciones naturales que le brinda el Río de la Plata , la particular relación que Buenos Aires mantiene con el agua se remonta hasta los tiempos de su fundación colonial. En el proceso histórico de este vínculo, su condición portuaria fue un factor determinante, distinguiendo a sus costas como el lugar de privilegio para que, a través de la iconografía, la ciudad mostrara sus persistencias.
En su desarrollo, la ciudad se sirvió del río como lugar de placer y de servicios procurando para sus habitantes varios intentos y pocas concreciones en cuestiones de infraestructura sanitaria. Recién a partir de las sucesivas epidemias de cólera de 1867 y de fiebre amarilla de 1870 y 1871, el tema de la salud pública y de la higiene sanitaria fueron instalados oficialmente entre las prioridades del Estado. Al ingeniero irlandés Juan Coghlan le cupo la responsabilidad de implementar el primer sistema de saneamiento en Buenos Aires; para ello, estableció en el barrio de Recoleta la Casa de Bombas Impelentes y, en la Plaza Lorea , un tanque elevado que actuaba como “regulador” en las 12 millas de cañerías, además de surtidores públicos colocados cada cuatrocientos metros.
Pasada una década desde este primer avance, los requerimientos crecían a la par de la población y, hacia 1880, cuando Buenos Aires se constituyó en Capital del país y expandió su superficie, el sistema necesitó de mayores inversiones. Fue el momento del afianzamiento de grandes instalaciones urbanas sanitarias y del nacimiento de la Comisión de Obras de Salubridad quien determinó la obligatoriedad de los servicios cloacales y de provisión de agua para todos los inmuebles de la ciudad. Y el auge constructivo para optimizar estos servicios fue tal que se necesitaron de instalaciones anexas que aseguraran el correcto funcionamiento del sistema; así, fueron abiertas una fábrica de ladrillos, otra de cemento pórtland y se iniciaron las construcciones de la planta de bombas expelentes de líquidos cloacales en Wilde y de un gran depósito en pleno centro de la Capital que, bajo sus cerámicas exteriores, esconde 12 tanques con una capacidad de servicio de 70 millones de litros de agua potable: el Palacio de las Aguas Corrientes .
En los inicios del siglo XX y obedeciendo a las políticas implementadas, Buenos Aires mostró un crecimiento sostenido en distintos órdenes para lo cual resultó necesario contemplar la modernización de los servicios de infraestructura. Hacia 1908 y frente a la insuficiencia de las bombas en Recoleta y conjuntamente con un gran proyecto urbano de saneamiento, fue iniciada la Planta Potabilizadora “Palermo” –actualmente Establecimiento Gral. San Martín - a la que acompañaron una torre de toma en el Río de la Plata y un túnel subfluvial que trasladaba el agua hasta un complejo sistema de filtros que la hacía apta para el consumo. En 1912 y en coincidencia con el desarrollo de este conjunto de edificios, el Gobierno Nacional constituyó oficialmente la empresa Obras Sanitarias de la Nación . Una organización a la cual le cupo, y por más de ochenta años, estudiar, diseñar, construir y cuidar del desarrollo de la infraestructura sanitaria no sólo en la capital argentina sino en todo el país.
Esta breve reseña del desarrollo de los servicios de agua en la ciudad de Buenos Aires sirve para acompañar la exposición de fotografía histórica realizada conjuntamente con el Archivo Histórico del Agua de México y en ocasión del IVº Foro Mundial del Agua. Por el valor documental que comportan las imágenes y entendiendo que es posible una lectura de las obras de saneamiento urbano a través de la fotografía, el Archivo Histórico del Agua de México junto al Museo del Patrimonio de Aguas Argentinas han reunido este panorama con la finalidad de acrecentar la comprensión del patrimonio industrial que cobijan sus respectivos países.
